Otra vez nos toca votar. Heinlein lo tenía muy claro al respecto. Decía:
"Si tienes posibilidad de votar, hazlo. Es posible que no sepas a quién votar, pero si lo piensas un poco, sabrás contra quién hacerlo".
Claro que Heinlein vivía en un país con, más o menos, sólo dos partidos.
En España son multitud.
Lo que significa que, a menos que hayas comprometido tu voto de por vida con un partido determinado, a la hora de votar te va a costar pensar bastante más.
Primero: decides a quién no votar.
Segundo: de las opciones restantes, ¿a quién regalo mi voto?
Regalo, porque lo que hagan con él después, es cosa exclusivamente suya: pueden venderlo por un plato de lentejas -un cachito de poder-, regalarlo o, incluso, seguir con sus principios.
También tienes la opción de no votar. O de votar en blanco. Pero después no te quejes. No votar significa ponerte en manos de los ganadores, sin reservas.
Además el hombre es un animal social. Y, con los mismos datos, se suelen obtener las mismas conclusiones. Es por lo que las carreteras se llenan justamente cuando decides salir de vacaciones. Porque una multitud ha decidido hacer lo mismo al mismo tiempo que tú.
Lo que significa que, si tienes una idea realmente original, seguro que no eres el único. Y eso puede dar sorpresas a la hora del recuento.
En fin, tú verás.
Yo aún lo estoy pensando...
sábado, 30 de mayo de 2009
domingo, 10 de mayo de 2009
¿Pezqueñines? ¡Sí, gracias!
Hay un matemático y ecólogo llamado George Sugihara que ha decidido pensar un poco y decir algo fuera de lo políticamente correcto (hablando de ecología, claro).
Según Sugihara deberíamos coger los peces pequeños y devolver los grandes al mar.
No es algo tan raro como puede parecer a simple vista. Los ganaderos y los acuicultores lo saben bien: mantienes una población estable de animales reproductores y vendes o sacrificas las crías. En algunos casos, debido a la ley, hay que respetar un tamaño mínimo, pero nunca vendes los reproductores (salvo aquellos que sustituyes por vejez, si puedes hacerlo).
En los mercados se venden cochinillos, se venden corderos y se prefiere la ternera al añojo. ¿Por qué con el pescado es al revés?
Bueno, no tanto. Al menos en España se venden bacaladitos y pescadillas de todos los tamaños. Pero España tiene mala fama en eso de la pesca.
El problema que veo a la teoría de Sugihara es práctico. Mientras es fácil medir las redes de pesca para impedir la captura de animales de determinado tamaño, hacerlo al contrario es muy difícil. Significa seleccionar los animales a mano y devolver al mar los adultos antes de que mueran asfixiados. No es fácil, ni barato.
La alternativa es la acuicultura.
Y la otra alternativa es establecer santuarios: lugares donde está prohibido pescar. Si una décima parte de los lugares de alta producción piscícola estuvieran protegidos, las poblaciones de peces serían estables y se garantizaría el pescado del mañana.
Pero yo, hoy por hoy y hasta que los políticos se den por enterados, me quedo con el título de este post: ¿Pezqueñines? ¡Claro! ¿Por qué no?
Según Sugihara deberíamos coger los peces pequeños y devolver los grandes al mar.
No es algo tan raro como puede parecer a simple vista. Los ganaderos y los acuicultores lo saben bien: mantienes una población estable de animales reproductores y vendes o sacrificas las crías. En algunos casos, debido a la ley, hay que respetar un tamaño mínimo, pero nunca vendes los reproductores (salvo aquellos que sustituyes por vejez, si puedes hacerlo).
En los mercados se venden cochinillos, se venden corderos y se prefiere la ternera al añojo. ¿Por qué con el pescado es al revés?
Bueno, no tanto. Al menos en España se venden bacaladitos y pescadillas de todos los tamaños. Pero España tiene mala fama en eso de la pesca.
El problema que veo a la teoría de Sugihara es práctico. Mientras es fácil medir las redes de pesca para impedir la captura de animales de determinado tamaño, hacerlo al contrario es muy difícil. Significa seleccionar los animales a mano y devolver al mar los adultos antes de que mueran asfixiados. No es fácil, ni barato.
La alternativa es la acuicultura.
Y la otra alternativa es establecer santuarios: lugares donde está prohibido pescar. Si una décima parte de los lugares de alta producción piscícola estuvieran protegidos, las poblaciones de peces serían estables y se garantizaría el pescado del mañana.
Pero yo, hoy por hoy y hasta que los políticos se den por enterados, me quedo con el título de este post: ¿Pezqueñines? ¡Claro! ¿Por qué no?
domingo, 3 de mayo de 2009
Agua de calidad
Desde mi última entrada, ha habido una noticia del Canal: va a extraer agua del Tajo para suministro a localidades del sur de la provincia. Con un canal de unos treinta kilómetros.
Si no había quedado claro que El Canal es un monopolio de agua en la Comunidad de Madrid, espero que este último ejemplo lo deje claro.
Pero de eso no trataba esta entrada, sino del agua de calidad.
En mis estudios de Informática me tropecé con esta pregunta: "¿Están relacionados la calidad y el precio?" Y la respuesta era: "Sí, no, depende"
Sí, porque un producto de calidad cuesta más en ser fabricado que otro de menor calidad.
No, porque el precio de un producto no está relacionado, en absoluto, con su precio de fabricación.
Depende, porque determinadas estrategias pueden alterar el precio. Por ejemplo, vender por debajo del precio de coste (para hundir a la competencia), o subir artificialmente el precio para engañar al cliente.
El Canal es famoso por la calidad de sus aguas. Pero, al igual que muchas otras empresas cuya única función es vender, no es el responsable de esa calidad. Más aún desde que retiene y suministra todo el agua de la Comunidad de Madrid. Antes la calidad era de las aguas del río Lozoya. ¿Y ahora?
Pura fama y marketing.
Lo que hace dura un agua es la disolución de caliza (carbonato cálcico) en el agua.
En Madrid no hay calizas, salvo en un pequeño sector. Justo donde se hizo el primer embalse del Canal, el Pontón de la Oliva.
Para que quede claro: la calidad del agua de Madrid no quedaría muy disminuída si se usara agua de pozo. En cualquier caso, la tecnología actual permite resolverlo. Nos ahorraríamos montones de embalses y conducciones y pérdidas. Los ríos llevarían agua, no los cauces secos de ahora.
Pero eso iría en contra de un monopolio del agua y el síndrome de culpabilidad que se está inculcando en los usuarios. Todo eso a cambio de un buen cocido con agua de grifo.
Puede que no sea suficiente.
Si no había quedado claro que El Canal es un monopolio de agua en la Comunidad de Madrid, espero que este último ejemplo lo deje claro.
Pero de eso no trataba esta entrada, sino del agua de calidad.
En mis estudios de Informática me tropecé con esta pregunta: "¿Están relacionados la calidad y el precio?" Y la respuesta era: "Sí, no, depende"
Sí, porque un producto de calidad cuesta más en ser fabricado que otro de menor calidad.
No, porque el precio de un producto no está relacionado, en absoluto, con su precio de fabricación.
Depende, porque determinadas estrategias pueden alterar el precio. Por ejemplo, vender por debajo del precio de coste (para hundir a la competencia), o subir artificialmente el precio para engañar al cliente.
El Canal es famoso por la calidad de sus aguas. Pero, al igual que muchas otras empresas cuya única función es vender, no es el responsable de esa calidad. Más aún desde que retiene y suministra todo el agua de la Comunidad de Madrid. Antes la calidad era de las aguas del río Lozoya. ¿Y ahora?
Pura fama y marketing.
Lo que hace dura un agua es la disolución de caliza (carbonato cálcico) en el agua.
En Madrid no hay calizas, salvo en un pequeño sector. Justo donde se hizo el primer embalse del Canal, el Pontón de la Oliva.
Para que quede claro: la calidad del agua de Madrid no quedaría muy disminuída si se usara agua de pozo. En cualquier caso, la tecnología actual permite resolverlo. Nos ahorraríamos montones de embalses y conducciones y pérdidas. Los ríos llevarían agua, no los cauces secos de ahora.
Pero eso iría en contra de un monopolio del agua y el síndrome de culpabilidad que se está inculcando en los usuarios. Todo eso a cambio de un buen cocido con agua de grifo.
Puede que no sea suficiente.
lunes, 27 de abril de 2009
EL CANAL
Los madrileños tenemos el raro privilegio de disponer del Canal. Creado inicialmente para suministrar agua a la ciudad de Madrid, en la actualidad controla, prácticamente, el suministro de agua de toda la Comunidad Autónoma. Poco a poco, todas las ciudades y pueblos van cayendo bajo su influencia.
En realidad El Canal es un monopolio de agua. No hay río o regato que no tenga sus aguas retenidas y almacenadas para el suministro de agua. Tras El Canal los cauces están secos o conducen el agua de saneamiento de los pueblos y ciudades por donde pase. Otras necesidades, como el riego no vienen al caso: lo más importante es el suministro de agua. Claro que si quieres pagarlo...
Actualmente los embalses del canal están al 85% de su capacidad. Sin embargo la publicidad sobre el ahorro del agua continúa. El agua que ahorres hoy lo tendrás mañana. Mi esposa es una ferviente ahorradora de agua.
Yo no estoy tan seguro.
Almacenar agua en un embalse es perder agua. No sólo el agua que se filtra sino, sobre todo, el agua que se evapora. Si ahorro un litro de agua, el año que viene se habrá evaporado.
Luego están las conducciones. Unos cincuenta kilómetros de media de conducciones.
Por último llega a Madrid (o Alcobendas, o Móstoles), se almacena y se inunda de cloro. Entonces ya está lista para ser usada para limpiar las calles, regar los jardines, ser usada en la industria. Alguien debería sancionar al Canal por contaminación por cloro.
Salvo que es un ente público y está exento de amenazas como esa. El Canal puede pasar, por ejemplo, por encima de la confederación hidrográfica del Tajo sin problemas: es El Canal.
¿Cuanta agua de la recogida en los embalses termina en nuestros grifos? Contando la evaporación, las pérdidas en la conducción y otros usos calculo que cerca del diez por ciento, aunque estoy dispuesto a aceptar una tercera parte. Y ese agua, precisamente el agua que llega a nuestros grifos, es cuidadosamente recogida, escrupulosamente tratada -pagamos por ello- y graciosamente devuelta al río del que salió. De ahí, quedan seiscientos kilómetros hasta llegar a Lisboa. Seiscientos kilómetros en que puede ser usada otra vez, o muchas más.
Así que, ¿porqué ahorrar?
El día que El Canal se quede sin agua, seguramente se dará cuenta y hará algo inteligente, como imitar a Barcelona.
Personalmente lo dudo: es mucho más cómodo echar la culpa a las víctimas, quiero decir a los usuarios.
En realidad El Canal es un monopolio de agua. No hay río o regato que no tenga sus aguas retenidas y almacenadas para el suministro de agua. Tras El Canal los cauces están secos o conducen el agua de saneamiento de los pueblos y ciudades por donde pase. Otras necesidades, como el riego no vienen al caso: lo más importante es el suministro de agua. Claro que si quieres pagarlo...
Actualmente los embalses del canal están al 85% de su capacidad. Sin embargo la publicidad sobre el ahorro del agua continúa. El agua que ahorres hoy lo tendrás mañana. Mi esposa es una ferviente ahorradora de agua.
Yo no estoy tan seguro.
Almacenar agua en un embalse es perder agua. No sólo el agua que se filtra sino, sobre todo, el agua que se evapora. Si ahorro un litro de agua, el año que viene se habrá evaporado.
Luego están las conducciones. Unos cincuenta kilómetros de media de conducciones.
Por último llega a Madrid (o Alcobendas, o Móstoles), se almacena y se inunda de cloro. Entonces ya está lista para ser usada para limpiar las calles, regar los jardines, ser usada en la industria. Alguien debería sancionar al Canal por contaminación por cloro.
Salvo que es un ente público y está exento de amenazas como esa. El Canal puede pasar, por ejemplo, por encima de la confederación hidrográfica del Tajo sin problemas: es El Canal.
¿Cuanta agua de la recogida en los embalses termina en nuestros grifos? Contando la evaporación, las pérdidas en la conducción y otros usos calculo que cerca del diez por ciento, aunque estoy dispuesto a aceptar una tercera parte. Y ese agua, precisamente el agua que llega a nuestros grifos, es cuidadosamente recogida, escrupulosamente tratada -pagamos por ello- y graciosamente devuelta al río del que salió. De ahí, quedan seiscientos kilómetros hasta llegar a Lisboa. Seiscientos kilómetros en que puede ser usada otra vez, o muchas más.
Así que, ¿porqué ahorrar?
El día que El Canal se quede sin agua, seguramente se dará cuenta y hará algo inteligente, como imitar a Barcelona.
Personalmente lo dudo: es mucho más cómodo echar la culpa a las víctimas, quiero decir a los usuarios.
martes, 21 de abril de 2009
Madrid-Barcelona
No, no voy a hablar de fútbol, sino de agua. Agua potable.
Leí, hace un par de años, un artículo claro y esclarecedor sobre las diferencias entre Madrid y Barcelona a la hora de gestionar su agua potable. En Investigación y Ciencia, nada menos.
Resumiendo: Madrid tiene una gestión pública o semipública (El Canal), se basa en agua almacenada en embalses y tiene agua "de calidad" (ojo a las comillas, están ahí por algo).
Barcelona tiene gestión privada (Aguas de Barcelona); tiene un único embalse testimonial, gestionando, sobre todo, agua de pozo y su agua es tan buena que, para conseguir un buen cocido o una buena fabada, debes remojar las legumbres y cocinarlas con agua embotellada.
Además, Madrid está a seiscientos metros de altura y está en el centro de la Meseta. Barcelona está a pie de mar.
En consecuencia: Madrid tiene graves problemas de agua mientras en Barcelona las restricciones brillan por su ausencia. Lo único que hacen en Barcelona para garantizar el agua es arar anualmente el cauce del río Llobregat, para aumentar la cantidad de agua que pasa al subsuelo.
Por supuesto, después de eso, se pasaron un par de meses sin llover en el Pirineo, comenzaron las restricciones, los políticos empezaron a exigir un trasvase desde la desembocadura del Ebro y, mientras tanto, traer agua en barco desde Valencia, Baleares ó Almería.
Lugares que no se caracterizan, precisamente, por su abundancia de agua.
También, por supuesto, en Aragón pusieron el grito en el cielo, porque dicen que el Ebro es suyo aunque desemboque en Tarragona.
Todo terminó con un par de días de lluvia que volvieron a llenar el embalse. Y, como ya no es noticia, sigo sin saber si el trasvase se hizo o se está esperando a la próxima vez.
A mí todo eso me suena a envidia del Canal. Que es de lo que hablaré en mi próxima entrada.
Leí, hace un par de años, un artículo claro y esclarecedor sobre las diferencias entre Madrid y Barcelona a la hora de gestionar su agua potable. En Investigación y Ciencia, nada menos.
Resumiendo: Madrid tiene una gestión pública o semipública (El Canal), se basa en agua almacenada en embalses y tiene agua "de calidad" (ojo a las comillas, están ahí por algo).
Barcelona tiene gestión privada (Aguas de Barcelona); tiene un único embalse testimonial, gestionando, sobre todo, agua de pozo y su agua es tan buena que, para conseguir un buen cocido o una buena fabada, debes remojar las legumbres y cocinarlas con agua embotellada.
Además, Madrid está a seiscientos metros de altura y está en el centro de la Meseta. Barcelona está a pie de mar.
En consecuencia: Madrid tiene graves problemas de agua mientras en Barcelona las restricciones brillan por su ausencia. Lo único que hacen en Barcelona para garantizar el agua es arar anualmente el cauce del río Llobregat, para aumentar la cantidad de agua que pasa al subsuelo.
Por supuesto, después de eso, se pasaron un par de meses sin llover en el Pirineo, comenzaron las restricciones, los políticos empezaron a exigir un trasvase desde la desembocadura del Ebro y, mientras tanto, traer agua en barco desde Valencia, Baleares ó Almería.
Lugares que no se caracterizan, precisamente, por su abundancia de agua.
También, por supuesto, en Aragón pusieron el grito en el cielo, porque dicen que el Ebro es suyo aunque desemboque en Tarragona.
Todo terminó con un par de días de lluvia que volvieron a llenar el embalse. Y, como ya no es noticia, sigo sin saber si el trasvase se hizo o se está esperando a la próxima vez.
A mí todo eso me suena a envidia del Canal. Que es de lo que hablaré en mi próxima entrada.
domingo, 12 de abril de 2009
Madera versus alcohol
En mi última entrada sugerí usar madera -celulosa- en lugar de granos -almidón- para fabricar combustible.
Lo que me recuerda otra entrada sobre estúpidos.
Porque la madera es un combustible. ¿No es estúpido fabricar combustible a partir de un combustible?
Seguramente lo sea.
Pero hay razones:
La primera es que el uso de combustibles líquidos y gaseosos está bastante perfeccionada. Produce una combustión, si no perfecta, sí muy aceptable. La combustión de la madera ni se acerca. Tiene demasiados residuos, produce humos visibles y calcular la cantidad necesaria de aire para una buena combustión depende de tantas variables que es casi inviable.
La segunda es el uso que se le va a dar. Y para el transporte, volver a la máquina de vapor es un retroceso demasiado grande. Sin contar con que la máquina de vapor no funciona bien con madera, porque su capacidad energética por kilogramo de combustible es demasiado pequeña. Por eso se usaba el carbón.
Al convertir la madera en alcohol, en una fábrica, se pueden gestionar los residuos, produciendo un combustible eficiente y de combustión limpia.
Lo que no es poco.
Lo que me recuerda otra entrada sobre estúpidos.
Porque la madera es un combustible. ¿No es estúpido fabricar combustible a partir de un combustible?
Seguramente lo sea.
Pero hay razones:
La primera es que el uso de combustibles líquidos y gaseosos está bastante perfeccionada. Produce una combustión, si no perfecta, sí muy aceptable. La combustión de la madera ni se acerca. Tiene demasiados residuos, produce humos visibles y calcular la cantidad necesaria de aire para una buena combustión depende de tantas variables que es casi inviable.
La segunda es el uso que se le va a dar. Y para el transporte, volver a la máquina de vapor es un retroceso demasiado grande. Sin contar con que la máquina de vapor no funciona bien con madera, porque su capacidad energética por kilogramo de combustible es demasiado pequeña. Por eso se usaba el carbón.
Al convertir la madera en alcohol, en una fábrica, se pueden gestionar los residuos, produciendo un combustible eficiente y de combustión limpia.
Lo que no es poco.
domingo, 5 de abril de 2009
Energías renovables (III)
Además del viento y el sol, hay otras energías renovables. Son las provenientes del agua -los embalses, usados hasta la saciedad; la energía de mareas, local en determinados lugares- y puede, puede que la energía geotérmica.
Pero ninguna de éstas resuelve la necesidad casi estúpida de energía de nuestra sociedad.
¿Hay solución?
Hay una fácil y sencilla. Tan sencilla que llevamos más de cinco mil años usándola.
Se trata de aprovechar la energía del sol de otra manera.
Las plantas absorben la luz del sol. Y generan glucosa. La glucosa es un alimento, pero ciertas levaduras pueden convertir la glucosa en alcohol etílico -bioalcohol, en la tonta nomenclatura actual- que es un combustible aceptable. Y ese combustible puede sustituir al petróleo.
Lo que estamos haciendo. No en grandes cantidades, pero ya hemos empezado.
En mi primera entrada con este título, dije que las energías renovables tenían uno o dos problemas. El problema del alcohol es ético, no técnico. Y además tiene solución.
Las plantas no sólo utilizan la glucosa como alimento. También lo usan como herramienta para construir cosas. Una de ellas es el almidón, que plantas y animales usamos como alimento. Extraer la glucosa del almidón es fácil y sencillo. Fabricar alcohol también. Los egipcios lo hacían hace cinco mil años.
Pero también fabrican celulosa. Y la celulosa, salvo escasas excepciones, no es un buen alimento.
¿Es etico usar semillas -almidón- para fabricar alcohol? ¿Porqué no usar celulosa?
No es que sea fácil. Pero es factible.
Pero ninguna de éstas resuelve la necesidad casi estúpida de energía de nuestra sociedad.
¿Hay solución?
Hay una fácil y sencilla. Tan sencilla que llevamos más de cinco mil años usándola.
Se trata de aprovechar la energía del sol de otra manera.
Las plantas absorben la luz del sol. Y generan glucosa. La glucosa es un alimento, pero ciertas levaduras pueden convertir la glucosa en alcohol etílico -bioalcohol, en la tonta nomenclatura actual- que es un combustible aceptable. Y ese combustible puede sustituir al petróleo.
Lo que estamos haciendo. No en grandes cantidades, pero ya hemos empezado.
En mi primera entrada con este título, dije que las energías renovables tenían uno o dos problemas. El problema del alcohol es ético, no técnico. Y además tiene solución.
Las plantas no sólo utilizan la glucosa como alimento. También lo usan como herramienta para construir cosas. Una de ellas es el almidón, que plantas y animales usamos como alimento. Extraer la glucosa del almidón es fácil y sencillo. Fabricar alcohol también. Los egipcios lo hacían hace cinco mil años.
Pero también fabrican celulosa. Y la celulosa, salvo escasas excepciones, no es un buen alimento.
¿Es etico usar semillas -almidón- para fabricar alcohol? ¿Porqué no usar celulosa?
No es que sea fácil. Pero es factible.
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